“De pensar «ahí no puedo entrarle» a hacerlo incluso con su madre al lado”

“De pensar «ahí no puedo entrarle» a hacerlo incluso con su madre al lado”

Hoy me he enfrentado precisamente a algunas de esas situaciones en las que normalmente aparecen las excusas y el miedo a acercarse.

Una de ellas fue con una chica de Budapest que iba acompañada de su madre. Estaban incluso dentro de una tienda de lencería y pensé que tenía dos opciones: acercarme o marcharme con la cabeza gacha.

Decidí hacerlo.

Me acerqué, hablamos y acabé consiguiendo su Instagram.

Pero no fue la única situación del día. Antes había visto a otras dos chicas caminando en dirección contraria. Una de ellas me pareció muy atractiva y, para acercarme, tuve que darme la vuelta, ir detrás de ellas y pararla mientras estaba con su amiga.

Era una situación completamente en frío y con bastante presión social. Aun así, fui, inicié la conversación y también conseguí su Instagram.

Una de las cosas que estoy entendiendo con estas experiencias es que muchas veces el mayor obstáculo está en tu propia cabeza.

Cuando tienes a alguien con experiencia a tu lado que te empuja a enfrentarte precisamente a aquello que te incomoda, vas acumulando referencias de que puedes hacerlo y de que no ocurre nada malo.

Después de haber pasado por una situación una vez, la siguiente ya no parece tan difícil.

Al final empiezas a preguntarte: ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que te diga que no?

Y cuando interiorizas eso, muchas de las barreras que antes parecían enormes empiezan a desaparecer.

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